
Por: Eduardo 
El pasado domingo en la Avenida Álvaro Obregón de la Ciudad de México en la cual se pone un concurrido tianguis dominguero me encontraba sentado en una de las pequeñas fuentes de la avenida en espera de unos amigos, de pronto escucho una voz de muy raro tono, veo que al otro lado caminando al lado de los autos estacionados una pequeña y encorvada figura, una anciana de chillona voz gritaba algo mientras pateaba el suelo.
Pensé que algo se habría atravezado en su camino y la había hecho enojar, pero no, no había nada y seguía pateando el suelo y diciendo quien sabe cuanta incoherencia, de pronto continúa con su cansado andar, la viejita lleva gran cantidad de bolsas de plástico con sabe Dios que tanta cosa. Frente a mi pasa un par de señoras y alcanzo a escuchar que al ver a la viejita una dice "pobrecita..."
"Pobrecita" es lo que cualquiera podría pensar al ver a esa viejita desvariando por la calle, pero... ¿en verdad sufre? Digo es que la gente dice "pobrecita" pensado que está sufriendo por su situación pero la señora obio vive desconectada de su entorno, viven en su propio mundo en el que tal vez viva feliz, quien sabe pero lo seguro es que no le importan mucho los problemas del mundo real.