
Por: Eduardo 

Así pues, justo por la esquina de la península entramos al Golfo de México, el mar increiblemente tranquilo daba la impresión de ser una gigantesca piscina, durante el vuelo alcanzé a ver desde la altura lo que parecían pequeñas embarcaciones pesqueras que retornaban a tierra firme, y viendo la vastedad del mar uno solo puede pensar en la ardua vida de los pescadores.